INTRO A TECNOLOGIA

Arqu 3015 Secc. 002
Escuela de Arquitectura
UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO
Prof. Esteban L. Sennyey

La moderna tecnología arquitectónica

EpistemowikiaRevista «Hiperenciclopédica» de Divulgación del Saber

Segunda Epoca, Año VI Vol. 5, Núm. 4: de Octubre a Diciembre 2011

 

Es de justicia poner en conocimiento del estudiante que el tema que vamos a tratar es un tema nuevo, relativamente nuevo en los estudios CTS. Esto no quiere decir que sea un tema que no tenga fundamento como tal en este tipo de estudios, al contrario, es y debe ser un tema capital en esta disciplina, y a buen seguro lo será si consideramos el creciente impacto que la tecnología arquitectónica moderna tiene en el hombre, en la sociedad, en las culturas y en la naturaleza. El problema de la ausencia o de la presencia marginal de este tema en los estudios clásicos de CTS podríamos atribuirlo en parte a la juventud de esta disciplina, heredera de la vieja filosofía. Habiendo otras importantes tecnologías -desde la energía nuclear hasta la informática- cuya masiva implantación, unida a sus peligrosas consecuencias en el mundo actual, las hacen dignas de un interés privilegiado por parte de los filósofos de la tecnología, la 'tecnología arquitectónica' suena a tema secundario, escasamente relevante. La misma sociedad que, por una parte se muestra ansiosa de recibir los nuevos milagros tecnológicos, y demanda por otra las garantías de que su uso no conlleve riesgos inaceptables, sin embargo, considera que la moderna tecnología arquitectónica es una tecnología blanca, neutra y positiva, básicamente buena. Si los últimos adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna sirven para construir edificios y viviendas más rápidamente, además de más baratos, más duraderos o más espectaculares ¿qué problema existe en la aceptación y la potenciación sin reservas de ésta beneficiosa tecnología? Con esta retórica pregunta, aparentemente lógica, llegamos al quid de la cuestión de la novedad de su investigación en los estudios CTS. Así es, pues sospechamos que no es tanto la juventud de una disciplina que ha de seguir una serie de prioridades sociales, sino, mas bien, la ceguera que los filósofos de la tecnología comparten con la sociedad en general a la hora de valorar críticamente los adelantos tecnológicos de la arquitectura moderna. Todos, los filósofos como cualquier ciudadano corriente, hemos aceptado el hecho arquitectónico moderno sin cuestionarlo en absoluto, porque hemos vivido desde nuestra infancia en su obra: las viviendas de bloques urbanos, que ya forman parte de nuestro paisaje y hasta de nuestra alma. Somos habitantes de la jungla de asfalto hasta el punto que no concebimos otra forma de existencia que encerrados en nuestros fríos cubículos de cemento y estuco. Nuestra preocupación básica por encontrar una vivienda, -compartida aparentemente por todos los agentes sociales- no por legítima, puede agotar nuestra mirada sobre la realidad arquitectónica y urbanística de nuestro entorno. Menos aún habría de condicionar a los estudiosos de CTS, en principio, profesionalmente dedicados a analizar toda tecnología que se da en el mundo moderno de manera exhaustiva y rigurosa, siempre a la busca de problemas que acaso no habían detectado o atribuían a otras causas. Justamente, este es el esfuerzo que el estudiante ha de hacer y compartir con el filósofo de CTS, hasta ahora ignorante de esta materia; ver más allá de su circunstancia residencial inmediata, es decir, que vive en una casa moderna más o menos amplia, más o menos mejorable, pero que básicamente cubre sus necesidades, para investigar si es cierto que habitar una casa moderna es tan magnífico, si al hacerlo no estará provocando problemas graves, y si no será la técnica moderna de construir la responsable de éstos...

Para comprender cuál pueda ser el problema de la moderna tecnología arquitectónica es preciso primero despejar las posibles dudas de que el supuesto problema de la arquitectura moderna sea de orden tecnológico y no meramente estético. Bajo una mirada superficial la implantación de los estilos modernos en arquitectura puede parecer similar al de las bellas artes. Cambia la apariencia de los edificios -su forma exterior y su distribución interior- para adaptarse a los gustos del siglo XX. Las casas cúbicas o los rascacielos, los bloques urbanos o las ciudades dispuestas en damero serían así la expresión arquitectónica de los tiempos modernos, equivalentes a una pintura cubista o una escultura abstracta. Sin ser del todo incierto -a cada época le corresponde un estilo estético que pretende reflejarla- debemos sondear a continuación el porqué se produce semejante cambio estético en nuestra época moderna, al que no podemos por menos que calificar de extremadamente radical e irreversible. Y es entonces cuando nos encontramos con la cuestión de la técnica, como motor del cambio estético, lo cual a su vez provocará una amplia transformación social en todos los órdenes. Aunque ya en el siglo XVIII surgieran los primeros arquitectos modernos o pre-modernos (Boullée, Ledoux) no es hasta comienzos del siglo XX cuando se manifiesta la arquitectura moderna como escuela y empieza a imponerse sobre los estilos históricos. Esto es, la modernidad, preferentemente el racionalismo arquitectónico, basado en los volúmenes geométricos, la ausencia del adorno y la ajustada adaptación del espacio a la función, ya existía como actitud estética en épocas anteriores, e incluso, en opinión de algunos autores, es la característica primordial de la arquitectura vernácula. Sin embargo, sólo en la epoca propiamente moderna, la época de la industrialización, este racionalismo encuentra eco entre las jóvenes generaciones de arquitectos -muy relacionadas con las vanguardias artísticas coetáneas- y puede desarrollarse hasta dominar poco a poco el mundo de la arquitectura y de la construcción en general. Esta somera revisión de la oportunidad histórica del movimiento moderno nos lleva a plantearnos justamente si la adopción del estilo moderno racionalista no fue más bien la consecuencia de una sociedad dominada progresivamente por la técnica, que encontró en su estética simple y desnuda la mejor manera de desarrollarse. Aunque se puede construir un edificio racionalista con técnicas artesanales (pronto se abandonó esta propuesta de la Bauhaus), es con las técnicas industriales como se puede resolver de forma más depurada y a mayor escala. Y no podemos ignorar el hecho de que la estética racionalista moderna precisamente ha venido dada, aparte de un primer momento artesanal, a partir de un fantástico desarrollo de técnicas industriales que, como máximo logro nos han proporcionado la 'prefabricación' de los materiales constructivos. No obstante, no podríamos explicar el éxito arrollador de la estética moderna en arquitectura únicamente por ser un reflejo natural de una sociedad tecnificada. Pues hay que entender esta tecnificación, que como vemos afecta por igual a los procesos productivos y a la construcción arquitectónica, dentro de los parámetros de una sociedad materialista y capitalista. En este sentido, la estética moderna no hubiera tenido más éxito que su equivalente artístico (la abstracción racionalista de Malevicht o Mondrian), es decir, un éxito limitado y pasajero, si no hubiera sido aprovechada por el capitalismo para dar cauce -que no solución- al grave problema contemporáneo de la vivienda. Esta y no otra es la razón del triunfo de la arquitectura moderna, y especialmente de la corriente racionalista-funcionalista. Ante la tesitura de alojar masivamente a la desbordada población del planeta se echó mano del estilo moderno, racionalista y funcionalista (en detrimento de otras corrientes más humanistas como la expresionista), que es el que mejor posibilita que gracias a la tecnología moderna se produzcan viviendas de manera masiva, rápida y barata. El resultado de esta estrategia es la consolidación del estilo moderno en todo el mundo -excepto algunas áreas del tercer mundo- como el modo tecnificado por excelencia de la arquitectura del presente y, sospechamos, del futuro. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días la arquitectura moderna ha ido dominando progresivamnete el panorama arquitectónico; ha desplazado tanto a los estilos históricos, demasiado costosos por sus formas y materiales, y a los vernáculos, por demasiado artesanales e incontrolados. A pesar de la aparente diversidad de escuelas dentro de la arquitectura moderna -organicistas, neohistoricistas, high-tech, postmodernos, etc- todos comparten el credo básico de la arquitectura moderna como arquitectura hipertecnificada. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor; aparte de algunos lujosos y espectaculares edificios institucionales de carácter simbólico, la mayoría de nosotros hemos de vivir en espantosos bloques urbanos o en casitas semiprefabricadas de monótonas urbanizaciones, es decir, dentro de una arquitectura moderna que además es de muy escasa calidad. No es pues el problema de la arquitectura moderna -entendida ésta siempre en un sentido genérico- un asunto estético, sino la respuesta técnica del capitalismo (adoptada también por el efímero comunismo real) que se sirve de una determinada estética.

Estamos hablando de la arquitectura moderna como problema en abstracto causado por la tecnología, pero no hemos descendido todavía a los problemas, mayores y menores, que esta arquitectura provoca en la sociedad y en nosotros, sus sufridos habitantes. Podríamos decir que hay dos tipos de problemas, a los que denominaremos como estructurales y antropológicos. Los problemas estructurales resultan más evidentes al habitante común y corriente, y de ellos tenemos regularmente información en los medios de comunicación. Son aquellos que la tecnología moderna provoca al incumplir sus promesas programáticas de proporcionar una vivienda digna a todo ser humano, y que han asumido todos los partidos políticos y recogen los mismos derechos humanos. Contra lo que preveían ingenuamente los grandes adalides de la arquitectura moderna como la utopía definitiva del habitar, ésta no sólo no ha resuelto todos los problemas de la arquitectura del pasado (apenas ha resuelto el de la higiene), sino que ha generado otros nuevos. Así, hay que entender que son problemas, graves problemas estructurales, de la moderna tecnología de la arquitectura (y del urbanismo moderno que deriva de ésta) la falta de viviendas, el encarecimiento de las viviendas, la baja calidad y el peligro de algunas edificaciones, las enfermedades provocadas por materiales tóxicos, la escasa habitabilidad por el reducido espacio de las viviendas, la contaminación y el sometimiento al tráfico rodado del habitante urbano o la escasez de espacios abiertos y zonas verdes en las ciudades. Alguien podría pensar que estos no son estrictamente problemas tecnológicos sino que son antes problemas económicos, políticos o sociales porque no se aplica correctamente la benefactora tecnología arquitectónica. Pero la tecnología, esta tecnología y otras tantas tecnologías modernas -ha de desengañarse el estudiante definitivamente- no es sino una específica estrategia científica diseñada para conseguir los fines del capitalismo, asumiendo que sus errores inherentes -los problemas que hemos señalado- son un coste aceptable para la sociedad. La cuestión para nosotros, habitantes todos, filósofos de la tecnología o estudiantes de la materia CTS, es decidir si estos problemas, asumibles para el proyecto moderno-capitalista, deben serlo a medio y largo plazo, y si no habríamos de intentar solucionarlos criticando la arquitectura moderna.

Los problemas antropológicos son, sin embargo, más difíciles de comprender, pues para el movimiento moderno y la sociedad en general ni si quiera existen, ya que los considera al revés, como grandes y deseables conquistas del progreso. Son problemas más sutiles, que afectan al hombre como criatura antropológica, y que modifican su mentalidad y su forma de vida, desarraigándolo del modo antiguo de morar y proponiéndole, precisamente, el modo tecnológico de habitar. Estos son los verdaderos y radicales problemas, los que generan los problemas estructurales, los que incluso solucionando hipotéticamente estos últimos en nada solucionarían aquellos. La destrucción del patrimonio vernáculo de las culturas y de su modo de vida, la llamada 'insatisfacción residencial' que provoca trastornos psicológicos y conflictos sociales, la urbanización del campo con el consiguiente desequilibrio ecológico, y la construcción de una arquitectura hipertecnificada de 'casas inteligentes' -que a la tecnología doméstica añade todo tipo de dispositivos informáticos, convirtiéndonos en servidores más que en en beneficiarios de la tecnología- son los, acaso, irresolubles problemas que los estudios CTS debieran abordar primero.

Como advertimos al principio, los estudios clásicos de esta disciplina han abordado muy marginalmente el tema de la tecnología moderna de la arquitectura, y en general, ahora lo podemos comprobar, de manera sugerente pero ingenua. Únicamente Lewis Mumford, uno de los padres de la filosofía de la tecnología, trató el tema extensamente en La cultura de las ciudades (1945) y otros textos, haciendo una dura crítica a la deshumanización de cierta arquitectura y urbanismo modernos, y proponiendo una vuelta al "regionalismo" en una visión de la tecnología un tanto utópica. Lo mismo ocurre con otros autores americanos como Carl W. Condit, historiador de la tecnología, deslumbrado con la portentosa técnica moderna de los rascacielos de Sullivan, un excelente y sensible arquitecto que no logró imponer sus tesis humanistas. Por otro lado sólo dos autores han reflexionado en profundidad sobre los problemas antropológicos, relacionándolos con la destrucción del morar vernáculo. Así, Martin Heidegger, un filósofo clásico y referencia básica de los estudios CTS, muestra las raíces del fenómeno arquitectónico en Construir, habitar, pensar(1951) mientras Ivan Illich, el pensador crítico por excelencia de las instituciones contemporáneas, lamenta en El género vernáculo(1990) la pérdida del espacio del género con la destrucción de la arquitectura vernácula. Para suplir la carencia de estudios sobre la tecnología arquitectónica moderna habremos de acudir a historiadores de la arquitectura o a la producción teórica de algunos arquitectos. Entre los partidarios de la tecnología moderna sin mayores consecuencias se encuentra Sigfried Giedion, autor de La mecanización toma el mando (1945) -una historia de la tecnología ligeremente crítica y confiada-, cuyo libro Espacio, tiempo y arquitectura(1941), manual básico de historia de la arquitectura durante décadas, es un complaciente estudio de la evolución de las tecnologías y los materiales arquitectónicos, entendida como legítima transformación de orden estético. Kenneth Frampton y su teoría del "regionalismo crítico", fundamentada en una parcial lectura de Heidegger, sería el ejemplo de una visión moderadamente revisionista que apuesta por volver a una 'arquitectura del lugar' que respeta las condiciones medioambientales, aceptando recuperar algunas técnicas vernáculas. Entre los arquitectos de producción teórica significativa, el debate sobre la técnica, subsumido en la refriega por los estilos estéticos ha sido ampliamente ganado por los partidarios de la tecnología. Uno de los textos más emblemáticos entre la larga nómina de partidarios -Wagner, Chernikov, Gropius, etc- sería Hacia una arquitectura (1920-1), donde Le Corbusier lanzó su polémica definición de la casa como una "máquina de habitar" y confesaba su inspiración arquitectónica en la estética industrial de la máquinas modernas -barcos, automóviles y aviones-, junto con el Manifiesto futurista (1914), de Sant' Elia, uno de los más radicales. En una línea más moderada, podemos incluir la opinión utilitarista y restrictiva respecto a la técnica de F. Ll. Wright enArte y oficio de la Máquina (1901) y en general de la corriente organicista, representada en Europa por Alvar Aalto. Cabría destacar, curiosamente, la opinión de Adolf Loos, el padre de la arquitectura moderna-racionalista, en Arquitectura(1910) y Arte Vernáculo(1912), donde defendió la belleza e idoneidad de la arquitectura vernácula en su contexto rural y que por su 'funcionalismo natural' sirvió de modelo al funcionalismo tecnológico de la arquitectura moderna. Tampoco podemos ignorar la obra de estudiosos que desde otras disciplinas se han interesado críticamente por la crisis de la la arquitectura y del urbanismo modernos, como la de la periodista Jane Jacobs, el sociólogo Henri Lefèbvre o el psicólogo Alexander Mitscherlich.

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En Construcción: Lo Mejor en Rascacielos

Por 

© aedas.com

Sin duda los rascacielos representan una arista muy importante de la arquitectura y la construcción de hoy en día. Llenos de simbolismo, se sitúan generalmente en ciudades que condensan de alguna manera el poder económico; Hong Kong, Dubai, New York, Shanghai o Singapur son sólo algunas.

Tomando como excusa el máximo aprovechamiento de un terreno para erigir estas altísimas edificaciones, buscan principalmente destacar por sobre la ciudad, ser la cúspide del skyline y transformarse en un hito reconocible por todos. Muchas veces estas construcciones implican un arduo trabajo en cuanto al diseño de estructuras y tecnología asociada, se caracterizan por estar siempre un paso adelante en cuanto a innovación y vanguardia, acercando de cierta forma el futuro a nosotros.

Dejando atrás los juicios en cuanto al diseño arquitectónico y la relación con el contexto, los rascacielos en su estructura y métodos constructivos tienen mucho que revelar. A continuación les mostramos una serie de rascacielos que forman parte de lo mejor de la sección En Construcción en Plataforma Arquitectura.

Capital Gate / RMJM

Capital Gate es un edificio que por su forma semi en voladizo atrae las miradas de todo Abu Dhabi, destacando principalmente en el skyline de la ciudad.

La fachada en metal y vidrio envuelve los 35 pisos de este edificio, el que se asienta sobre 490 pilotes a 30 metros de profundidad para soportar las fuerzas gravitacionales, sísmicas y causadas por el viento que se incrementan debido a la forma característica del edificio.

 

 

Bolsa de Comercio de Shenzhen / OMA

En el año 2006, OMA, a cargo del reconocido arquitecto Rem Koolhaas, ganó el primer lugar en el concurso para realizar la Bolsa de Comercioen el centro de la ciudad de Shenzhen, China.

La Shenzhen Stock Exchange, SZSE, es una de las bolsas de valores de mayor relevancia a nivel mundial y en efecto, su edificio se transforma en una representación tangible del poder económico de China.

 

 

ADIC Headquarters / Aedas

Ambas torres de la Abu Dhabi Investment Council, situadas en losEmiratos Arabes Unidos, cada una recibirá entre 1000 y 1100 trabajadores.

El concepto de diseño es tanto cultural como ambientalmente consciente y se complemente con las aspiraciones del Plan de Desarrollo Urbano para el 2030 de la ciudad.

 

 

 

Torre Rothschild / Richard Meier & Partners

Un edificio muy sutil y simple de uso mixto, comercial, oficinas y servicios se esta realizando en la ciudad de Tel Aviv, Israel.

El edificio cuenta con 37 pisos y esta ubicado en Rothschild Boulevard y Allenby Street, lugar privilegiado, pues estas calles son muy reconocidas y distinguidas en la ciudad.

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Edificio Diagonal Zero Zero [Video]

Nuestra sección En Construcción nos permite ver ese otro lado de la arquitectura consistente en el proceso de la obra más que en el resultado final.

Este gran video del edificio Diagonal Zero Zero en Barcelona (obra del estudio de Enric Massip-Bosch) es el claro ejemplo. En el video vemos el largo y complejo trabajo de obra que se realiza para ver terminado un edificio de 110 metros de altura.